
Hay una sensación que aparece constantemente en conversaciones con dueños y directores de PYME industriales:
“La empresa no está detenida… pero sentimos que ya no avanzamos igual.”
Y normalmente esa sensación viene acompañada de algo más:
Pero no necesariamente más claridad.
Hace poco trabajábamos con una empresa familiar de reciclaje industrial en Nuevo León que había crecido de forma importante en los últimos años.
La empresa había logrado muchas cosas positivas:
Pero durante la conversación apareció una frase muy fuerte por parte del director:
“Sentimos que ya no estamos avanzando.”
Y después agregó algo todavía más interesante:
“No tenemos brújula en el negocio.”
Honestamente, esa sensación es mucho más común de lo que parece en empresas que están entrando a una nueva etapa de crecimiento.
Porque muchas veces la empresa sí está creciendo.
El problema es que la complejidad empieza a crecer todavía más rápido.
El crecimiento trae problemas nuevos
Al inicio, muchas PYME operan con dinámicas bastante simples.
La comunicación es directa.
Las decisiones son rápidas.
El dueño tiene visibilidad de prácticamente todo.
Y gran parte de los problemas se resuelven sobre la marcha.
Pero conforme la empresa crece, también empiezan a aumentar:
Y ahí es donde muchas organizaciones empiezan a experimentar algo muy desgastante:
trabajan más que nunca… pero sienten que avanzan menos.
El problema no siempre es falta de esfuerzo
De hecho, normalmente ocurre lo contrario.
La gente trabaja muchísimo.
Hay juntas.
Hay seguimiento.
Hay presión operativa.
Hay largas jornadas.
Pero aun así empiezan a aparecer síntomas como:
Y muchas veces el problema no es falta de compromiso.
El problema es que la empresa ya no puede seguir operando igual que antes.
La complejidad empieza a consumir capacidad organizacional
Hace poco platicábamos con una empresa de automatización industrial que llevaba casi dos años intentando implementar un sistema de gestión de calidad.
No porque no entendieran la importancia del proyecto.
Simplemente la operación diaria consumía toda la capacidad de la organización.
Y eso pasa muchísimo en empresas que están creciendo:
Entonces la empresa entra en un ciclo complicado:
la operación consume tanto tiempo que nunca logra construir la estructura necesaria para operar mejor.
Muchas veces la empresa sigue dependiendo de dinámicas muy informales
Otro patrón muy común es que conforme aumenta la complejidad, también empiezan a hacerse más visibles ciertos límites organizacionales.
Por ejemplo:
Y eso genera una sensación constante de:
Porque llega un punto donde el crecimiento exige mucho más que esfuerzo operativo.
Exige:
El problema no es crecer
Algo importante es entender que este tipo de situaciones normalmente aparecen precisamente en empresas que sí están creciendo.
No son señales de fracaso.
Son señales de transición.
La organización ya no está en la misma etapa que hace algunos años.
Y eso implica que muchas dinámicas que antes funcionaban:
empiezan a quedarse cortas para el nuevo nivel de complejidad.
Avanzar ya no depende solamente de trabajar más
Muchas PYME llegan a un momento donde descubren algo importante:
el siguiente nivel de crecimiento ya no depende únicamente de esfuerzo individual.
Depende de construir una organización capaz de:
Porque muchas veces el verdadero reto no es trabajar más.
El reto es lograr que toda la organización avance alineada hacia las mismas prioridades.
En el Centro de Competitividad de Monterrey trabajamos constantemente con empresas que están atravesando este tipo de etapas.
Y algo que hemos aprendido es que ayudar a una PYME a avanzar no significa llenarla de complejidad corporativa.
Significa ayudarle a construir claridad, coordinación y capacidad organizacional de una manera práctica y aterrizada a su realidad.
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