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De la pastilla para el dolor, al tratamiento completo

Se le atribuye a Benjamin Franklin la frase: “Hay tres cosas muy duras: el acero, los diamantes y conocerse a sí mismo”. Ya pasaron muchos años desde que se acuñó esta frase y hoy sabemos de materiales mucho más duros que el acero y, en el caso de los diamantes, ya hasta los fabricamos en laboratorio con diferentes características pre-diseñadas, como la dureza.
Pero la parte del autoconocimiento sigue siendo igual de compleja.

La introspección, la meditación y otras prácticas de reflexión nos ayudan a entendernos mejor: qué nos motiva, qué nos provoca y por qué reaccionamos como lo hacemos. Eso rinde frutos en el día a día y es muy valioso… pero no nos dice todo lo que está pasando dentro de nuestro cuerpo. Para eso se necesitan otros métodos.

Imagina que traes una molestia en el abdomen. Al principio piensas que te cayeron mal los tacos de la noche anterior, pero pasa el día y el malestar no solo sigue ahí, sino que aumenta hasta volverse insoportable. Terminas yendo al médico.

Llegas con dolor fuerte y lo único que quieres es “un remedio”. Pero en lugar de recetarte algo de inmediato, el doctor empieza a hacerte preguntas “sin sentido”, algunas hasta obvias, y luego hace una revisión rápida palpando el abdomen.

Cuando crees que ya te va a dar la solución, te pide una serie de estudios. Y como ve que estás al borde de la desesperación, se toma unos minutos para explicarte los distintos problemas que podrían estar ocurriendo en tu organismo.

Sobre todo aclara algo clave: los mismos síntomas pueden presentarse en tres enfermedades diferentes, y cada una requiere un tratamiento distinto que incluso puede contradecir a los otros. En otras palabras: un remedio mal recetado puede causarte más daño.

El mundo médico también aplica en el extremo opuesto: no solo se trata de “curar”
malestares, sino de mejorar el desempeño, como con los atletas. Todos los equipos deportivos profesionales tienen un cuerpo médico que no solo cuida la salud de los jugadores, sino que busca incrementar su rendimiento.

Y así como no vas con un neurólogo por un problema gastrointestinal, tampoco le hablas a un abogado cuando tus inventarios están congelando tus utilidades. Igual que en la medicina, en los negocios hay “médicos generales” y especialistas.

Pero hay que resaltar algo muy importante: la visita al doctor, por sí sola, no cura nada. La solución está en el tratamiento. A veces te dan una receta con instrucciones claras y tú mismo te encargas de surtirla y tomar el medicamento en casa. En otros casos tienes que regresar varias veces al consultorio para que te apliquen un tratamiento que requiere equipo o entrenamiento especializado. Y hay ocasiones en que ni siquiera te dejan irte: la situación es tan delicada que necesitas quedarte para que personal capacitado te atienda y te monitoree de cerca.

En las empresas pasa algo muy similar. Cuando a tu negocio “le duele” algo, no llamas a un médico, pero el principio es el mismo: no todo se resuelve con una pastilla rápida. Si tu empresa tiene problemas financieros, por ejemplo, un crédito no necesariamente es la solución; de hecho, puede convertirse en un problema todavía mayor.

Hay situaciones donde la solución la puedes implementar tú mismo dentro de tu negocio, con una buena guía y disciplina. Pero hay otras en las que se necesita que alguien externo se “instale” un tiempo en la organización, ayude a hacer los estudios correctos, acompañe la interpretación de resultados y se involucre en el tratamiento, no solo en el diagnóstico.

Durante varios años, especialmente trabajando con Pymes, en el CCM vimos esta misma necesidad repetirse con distintos “síntomas”: problemas de flujo de efectivo que en realidad eran cuellos de botella operativos, rotación de personal que escondía fallas en el liderazgo de supervisores, o “falta de ventas” que en el fondo era incapacidad para cumplir a tiempo y en forma. Diferentes giros, mismos patrones de fondo: mucho esfuerzo, poca claridad de diagnóstico y tratamientos incompletos.

Para atender esa diversidad también necesitábamos un equipo igual de diverso. Hoy en el CCM hay quienes saben ordenar procesos de producción para quitar tiempos muertos, errores y desperdicios; y hay quienes saben ordenar equipos, ayudando a supervisores y mandos medios a liderar con menos fricción y menos dependencia del dueño. Unos piensan en flujo de efectivo y riesgos, otros en flujo de información y comunicación interna. Hay quienes dominan la administración de proyectos. Unos dominan normas y los diferentes estándares de calidad; otros se enfocan en despertar liderazgo. Y lo más importante: no trabajamos en islas. Entre todos hay comunicación constante; las diferencias entre especialidades no son muros o fronteras, sino puentes donde entre todos mostramos las diferentes perspectivas a las que se enfrentan las empresas.

A partir de estas experiencias, y después de probar y pivotear distintos tipos de proyectos, fuimos aterrizando una conclusión: las Pymes no solo necesitan buenas prácticas aisladas, necesitan un proceso estructurado que conecte diagnóstico, tratamiento y acompañamiento en el tiempo. De ahí nació el Programa de Excelencia Operativa para Pymes: una forma de llevar a la empresa el equivalente a un buen equipo médico, que no solo te dice qué tienes, sino que se involucra para ayudarte a recuperar tu salud operativa y sostenerla en el largo plazo.

Hoy los casos han sido tan diversos como las empresas mismas: desde talleres de
maquinados, empresas que reciclan tarimas, fabricantes de productos cerámicos, proveedores de la industria electrodoméstica, hasta organizaciones no tan pequeñas que producen sal de mesa para todo el país. Distintos tamaños, distintos mercados, pero un hilo común: cuando se combina un buen diagnóstico con un tratamiento adecuado y acompañamiento cercano, los resultados dejan de ser “eventos aislados” y se convierten en una nueva forma de operar.

Al final, Franklin tenía razón: conocerse a uno mismo sigue siendo una de las tareas más difíciles. En las empresas pasa igual. Mirar de frente los síntomas, entender sus causas y decidirse a tratarlos a fondo no siempre es cómodo, pero es la diferencia entre seguir sobreviviendo con dolor crónico… o construir una operación sana, preparada para competir y crecer en serio.

César González

Especialista en Excelencia Operativa

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